antonioperezrio

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El obispo y la chica del sombrero

In Durante el viaje on 10 febrero 2009 at 11:59 pm

A la mañana siguiente acudí a la misa en la pequeña iglesia de Nikki. No era un día cualquiera: se trataba de la fiesta parroquial y el obispo en persona había venido a dar la misa. Los sacerdotes españoles me habían avisado del caracter del obispo, más papista que el papa, y así quedó claro en una larguísima homilía en la que tocó todos los palos y no perdió la ocasión para recriminar a sus feligreses todas las debilidades posibles  e imposibles. El obispo era un hombre enérgico que sabía conectar con su audiencia. Pese a él, los verdaderos protagonistas fueron los fieles, vestidos de fiesta, cuyo comedimiento apenas se mantenía cuando el coro entonaba las canciones que hacían vibrar el recinto.

Misa en Nikki

Misa en Nikki

Un obispo en acción

Un obispo en acción

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Fuera de contexto

In Durante el viaje on 10 febrero 2009 at 1:25 pm

Desde Abomey, Marc me llevó en moto a Bohicon y allí cogí un taxibus a Dassa-Zoumé.  En la parte delantera del coche se sentaban dos personas en cada asiento: el compañero del conductor llevaba las piernas abiertas para que éste pudiese cambiar las marchas. Detrás íbamos cuatro adultos y dos niños. En total, diez personas y dos gallinas cacareando en una bolsa a mis pies.

Al llegar a Dassa, el taxi nos dejó en una abigarrada explanada repleta de taxis y furgonetas en la que varios hombres discutían con uno de los conductores. Aquel lugar parecía el comienzo de un país diferente, una sensación que se confirmó en la caótica estación de taxis de Parakou, un estallido de color en medio de una tierra polvorienta, cruce de caminos entre los pueblos del Sahel y de la costa. Uno de los puestos que vendía comida estaba cubierto por un toldo que sin duda había protagonizado un largo y quizás apasionante viaje hasta llegar allí: Cafetería La Fiesta.

Un toldo viajero en la estación de Parakou

Un toldo viajero en la estación de Parakou

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Larga vida al rey

In Durante el viaje on 9 febrero 2009 at 11:59 am

¡Bravo!, contestó el rey, y su pequeña corte compuesta de cinco súbditos, sentada en una alfombra a la izquierda de su trono, comenzó a aplaudir. El rey de Abomey, el principal de todos los reyes de Benin, había quedado satisfecho con la descripción que le había hecho de la vida y milagros del rey Juan Carlos I, pues por él había preguntado nada más verme como si él y yo compartiésemos algún tipo de intimidad con el monarca español.

Durante la conversación que mantuvimos seguidamente no le hice demasiadas preguntas, pues después de mi charla con el rey de Abomey-Calavi gran parte de los interrogantes que me suscitaban las monarquías de Benin habían quedado resueltos. El rey era un hombre afable, que alternaba sus palabras con breves siestas mientras hablaban sus súbditos. Antes de despedirnos y después de haber entregado un donativo en un sobre blanco, pregunté si podía fotografiarle. El rey aceptó y uno de sus secretarios me comunicó que el rey, con toda su dignidad, se movería a otro sillón donde podría tomarle unas fotos. Nos movimos a la entrada del recinto donde se encontraba un sillón en el que el rey se sentó, con sus súbditos sentados a sus pies. Mientras preparaba la cámara, Marc comenzó a hablar con el rey y ambos acabaron intercambiándose el número de teléfono móvil. Poco queda de los antiguos reyes de Dahomey, que celebraban su llegada al trono emprendiendo guerras contra sus enemigos y obteniendo esclavos para su uso personal y para el intercambio por armas con los comerciantes europeos, primero, y brasileños después. […] Leer el resto de esta entrada »

Bailando en las profundidades de la noche

In Durante el viaje on 8 febrero 2009 at 11:29 am

Marc tenía razón:  no había turistas en aquella ceremonia vudú que iba a comenzar al anochecer en un barrio a las afueras de Abomey. El día anterior habíamos llegado tarde, justo cuando los adeptos de los fetiches regresaban a la casa comunal después de varias horas de danza. Nada más verme bajar de la moto, uno de los músicos se había puesto a saltar como un mono excitado ante la perspectiva de llenar sus bolsillos con dinero de un yovo. Mañana a las cinco, me dijeron. El precio, 15000 francos CFA. Miré a mi alrededor: la ausencia de turistas me tranquilizó y decidí cambiar de planes. Le pedí a Marc que me buscase un hotel más barato para ahorrar algo de dinero y pospuse mi viaje a Nikki para dos días después.

Le invité a cenar en un maquis de la ciudad y comí un plato de macarrones mientras contemplaba en la televisión las fotos de los difuntos. En Benin, la  muerte está tan presente que todos los días hay varias secciones de esquelas en la televisión, incluyendo la foto, el nombre y la fecha de nacimiento y muerte de los fallecidos. Leí los nombres como una letanía y apuré mi cerveza Beninoise. Algunas esquelas conmemoraban el aniversario de personas desaparecidas varios decenios atrás. Aunque quizás desaparecidas no es una palabra adecuada para hablar de los muertos en un país como Benin, en el que los muertos dejan una presencia palpable y su poder se invoca en numerosas ocasiones. Si en Europa la muerte no forma parte de la vida, en muchos lugares de África la muerte se masca y escupe constantemente.

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Desconfía de los gorros de mapache

In Durante el viaje on 6 febrero 2009 at 1:24 pm

Aquella tarde acudí al mercadillo semanal de Abomey, un animado conglomerado de puestos de madera a cielo abierto en los que todo está en venta y las fotografías no son bienvenidas. Al llevar la cámara colgada del cuello, me encontré con más de una mirada de desaprobación y alguna palabra de reproche que no me hizo falta entender.

Mercadillo en Abomey

Mercadillo en Abomey

Saqué un par de imágenes generales y seguí caminando hasta llegar a la zona donde los fetiches se encuentran en venta: pieles, huesos y plumas de todo tipo de animales con los que los innumerables adeptos al vudú realizan sus rituales. Me disponía a pasar de largo cuando uno de los vendedores me invitó a seguirle a su puesto. Una vez allí, me enseñó las estatuillas de madera que llevan algunas personas consigo durante el resto de su vida a partir de la muerte de su hermano gemelo. También me ofreció sacar fotos de los fetiches, pero rehusé ambas ofertas amablemente. Recorrí velozmente el estrecho pasillo entre los puestos rehusando las llamadas que me hacían los vendedores, pues no tenía ninguna intención de hacer fotos ni de rascarme el bolsillo, hasta que me encontré con un joven ataviado con una túnica blanca y un gorro azul, cantando y tocando un cencerro en medio de un corro de personas.  […] Leer el resto de esta entrada »

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